De esa semana recuerdo que llore fuego hasta quedarme vacía, hasta no poder más. Intentaba arrancar todo lo que había de ti en mí.
Me quedé sola, sin nadie, porque grite a todo el que me dijo que no debía llorar.
Lo peor vino cuando ella me dijo que tú eras incapaz de querer, que me habías dejado por eso. Me reí tanto de ella y la hable con tanta determinación en los ojos que se dio por molesta y se fue con un portazo, farfullando que era una irreverente, que tu habías terminado con todo lo bueno que había en mí.
Claro que sabias querer, ese había sido el problema, pero no estabas dispuesta a ello, te querías demasiado a ti misma.
El último día
Ese día al despertarme abrí los ojos, y no sentí nada, siquiera que estuviese viva. Puse los pies en el suelo y resulto demasiado frío. En la cocina puse a Prodigy al máximo, y sentada en la silla me quede toda la mañana abrazando mis piernas, mientras pasaba una canción tras otra. Por la tarde dormí.
A las nueve me llamaste, y yo supe perfectamente que iba a suceder y porqué me llamabas. Supe perfectamente como iba a reaccionar yo, y que todo esto se iba a arreglar. Lo malo es que tu pensaste que iba a ser distinto...
Me puse más guapa que ningún día, al echarme el rímel me vi en el espejo, y comprendí que me había convertido en una mujer muy fuerte.
Me recogiste a la salida del metro, como siempre.
Odiaba tu casa, odiaba que tuvieras que cruzar todo el salón para encender la luz.
Eso significaba que me quedaba en la entrada y tu te separabas de mi, y ya no podía sentir la serenidad que me provocabas, que casi me imponías. Contigo siempre era invencible.
Me mirabas de lejos, vi la pena en tus ojos, te lastimabas siempre, sin poder evitarlo. Eras tan cobarde tenias tanto miedo, que no te dejabas ser feliz.
Primero con ella, luego conmigo, lo habías tenido todo, mucho más de lo que muchas querrían, pero aun así eras incapaz de quedarte con algo.
Cuando me diste el primer beso me quemo, me mato, me destrozo, porqué eras así. La semana anterior, me habías soltado tu discurso de ruptura, ese que preparaste prácticamente como una de tus exposiciones de clase, pusiste tu voz de congresista, y decidiste terminar con toda nuestra historia.
Poco después ya estábamos en la cama, para ti como siempre. Para mi ese día descubrí algo que todavía a día de hoy me acompaña. Me gusta follar cuando estoy mal, cuando no me siento, cuando estoy vacía... Porque así al ritmo que se agitaban nuestras respiraciones, mi frío desapareció, y cada décima que subía la temperatura de mi cuerpo, esa idea se hacia más fuerte, con cada décima te fui dejando de querer un poco, con cada décima se fue cayendo cada día que me habías hecho daño, con cada décima dejabas de significar algo para mi....
-estas bien? estas ardiendo.
-Sigue.
-Que?.
-Que sigas
Habías terminado en mi vida. Posiblemente para ti lo de ese día fue sólo follarme, porque creías que eso lo haríamos siempre, así había empezado. Pero nunca más me tendrías.

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